Sociedad Civil en Cuba y sus caras en Panamá.

SC01 Cuando lees hoy cualquier escrito relacionado con cambios políticos para bien o para mal en el mundo, te tropiezas más de una vez con un concepto difícil de entender, porque en dependencia del propósito del texto, se asigna al binomio de palabras Sociedad Civil para atacar o defender un proyecto, un Gobierno, un Partido o simplemente diagnosticar si existe o no democracia, aquí o allá.

En el caso particular de Cuba, unos sin desenfado lo utilizan indiscriminadamente. Otros casi ni lo mencionan. ¿Acaso conocemos bien, por lo menos de forma teórica de qué estamos hablando? Me da la impresión de que no. Es por eso que quisiera reflexionar juntos y tratar de definir que encierran estas dos palabras convertidas en un concepto antiquísimo y contemporáneo al mismo tiempo, pero que se ha convertido en termómetro político, por lo menos así lo valoramos los cubanos jóvenes y no tan jóvenes que pasamos tiempo leyendo noticias del acontecer mundial y nacional.

A raíz de la asistencia de nuestro país por primera vez a la Cumbre de las Américas y con una delegación del más alto nivel, se habla en los medios de prensa, del posible tope fuera de Cuba de los dos o tres conceptos encontrados de Sociedad Civil.

Antes de continuar hagamos un poco de historia, pues para cualquier lector resulta complejo encontrar la verdad cuando se tropieza con el citado término.

Las raíces etimológicas del término Sociedad Civil datan del siglo XVI, cuando la lucha anti feudal se presentaba como el enfrentamiento de la ciudad contra el campo. La sociedad de la ciudad se denominaba Sociedad Civil. La burguesía era la clase predominante en ella. En idioma alemán ciudad se dice con la palabra burgo, también para referirse a la sociedad de la ciudad se empleaba la expresión de sociedad burguesa. No obstante, en su larga trayectoria ha sido utilizado por diferentes personalidades históricas y no siempre con la misma significación.

A partir del siglo XVII, producto del ciclo de revoluciones sociales iniciadas por la Revolución Inglesa y continuado por la de las Trece Colonias y la Francesa, en Europa surge una crisis en el orden social, que da origen al surgimiento de la idea de la Sociedad Civil, como expresión del intento de resolver la crisis ideológica provocada por la quiebra de los modelos existentes.

A partir del siglo XVIII el término de Sociedad Civil se le asignó a las relaciones sociales y, en particular, a las relaciones de propiedad. Entre los representantes más destacados de esta posición se encuentran los filósofos materialistas ingleses Thomas Hobbes y John Locke, quienes empleaban dicho término para designar a la sociedad que ha dejado de ser primitiva para pasar a un estadio de organización, acorde a los principios de un poder político comúnmente aceptado. La idea de la Sociedad Civil, para ellos, no implicaba tan solo un concepto político, sino también una concepción antropológica y ética.
El error más significativo de la concepción de los filósofos ingleses y franceses acerca de la Sociedad Civil consistió en no comprender la dependencia en que la Sociedad Civil se halla respecto al modo de producción y a la clase social dominante en él, es decir, en no ver su naturaleza clasista, en explicar la formación de la misma por las propiedades naturales del hombre, los objetivos políticos, las formas de gobierno y de legislación, la moralidad y otros importantes aspectos.

Según el filósofo G. W. F. Hegel, la Sociedad Civil nació de la desintegración del nivel de organización social meramente familiar que dio lugar al surgimiento de las clases y a los elementos del Estado. Para Hegel, el Estado estaba separado de la Sociedad Civil, pero a la vez, concebía vínculos entre ellos e incluso interpenetración. La Sociedad civil no era una esfera totalmente fuera del Estado, sino interactuante con él. Esa Sociedad Civil la entendía con características propias del Estado y con posibilidades de convertirse en Estado cuando llegara a su unificación en una totalidad orgánica.

Marx y Engels vieron a la Sociedad Civil en la organización de la familia, de los estamentos y de las clases, las relaciones de propiedad, las formas y procedimientos de distribución, en general las condiciones que hacen posible la existencia y el funcionamiento de la sociedad, las condiciones de la vida real y de la actividad del hombre. Marx subraya el carácter objetivo y la base económica de tales condiciones.

Un poco más apegado a nuestros tiempos, el filósofo italiano Antonio Gramsci refiere como Sociedad Civil al complejo institucional donde se organiza el enfrentamiento ideológico y político de las clases sociales, pero en una nueva dimensión. Este concepto es empleado en relación con la cuestión de la hegemonía y la dominación. Gramsci valora al Estado o sociedad política, como un aparato de coerción, cuya función es de dominio o de mando, valiéndose de la legalidad y del aparato coercitivo asegura la disciplina de aquellos grupos que no dan su consenso y la acción ante momentos de crisis del mando y de la dirección, cuando decrece el consenso; en tanto, la Sociedad Civil estaba conformada por el sistema de instituciones a través de las cuales se ejerce la hegemonía, entre las que señala a las escuelas, los sindicatos, la iglesia, los medios de difusión masiva y otros, pero sin incluir la estructura económica de la sociedad. A ella le corresponde la función de hegemonía que los grupos dominantes ejercen sobre toda la sociedad.

El término cayó en desuso en el pensamiento occidental a mediados del siglo XIX y no es hasta finales de la década del 70 del siglo XX, que vuelve a ser utilizado. A partir de entonces aparece en el debate actual en forma tan recurrente como semánticamente imprecisa, aplicándose en toda una pluralidad de contextos con una variedad aun mayor de significados y connotaciones ideológicas: como slogan político, como concepto sociológico analítico y como concepto filosófico.

Como slogan político se emplea ampliamente en diferentes partes del universo, tanto por la derecha como por la izquierda, proclamando a viva voz que hay que “salvar a la sociedad civil”, “recuperar la sociedad civil”, reconstruir la sociedad civil”, o simplemente se utiliza como consigna.

En el caso de Latinoamérica, donde tendrá lugar la próxima Cumbre de Las Américas, la Sociedad Civil es el protagonismo de actores vinculados a los sectores más pobres, humillados y explotados de la sociedad. Tal hecho ha provocado la inserción en las sociedades civiles de estos países de un amplio y variado abanico de nuevos actores sociales: movimientos de liberación de la mujer, juveniles, ecológicos y ambientalistas, de solidaridad, de defensa de los derechos humanos, de educación popular, de cultura y arte popular, movimientos de pobladores y barriales, de indígenas, sindicatos y partidos políticos populares y de izquierda, a los que se suman también los movimientos progresistas, movimientos populares de génesis religiosa, las acciones de la prensa, que como parte de una cultura contestataria han participado en la lucha de clases contra regímenes militares y dictatoriales, quienes encaminan sus esfuerzos a la creación y el fortalecimiento de poderes alternativos, revolucionarios y democrático-populares, a la educación política e ideológica de las masas, la formación de nuevos valores éticos y humanistas, y su movilización para transformar la realidad ideológica cotidiana en esos países.

SC3Paradójicamente para Cuba este concepto es diferente. Se fomenta con ello la oposición al Estado, manteniendo un grupo de organizaciones pagadas o no desde el exterior como la verdadera Sociedad Civil cubana, limitando su membresía solo a los que debutan o se presentan como críticos del Gobierno o la “otra parte de la moneda”.

En un reciente análisis que pude leer en la red, Desmitificando la sociedad civil cubana, pude acercarme aun más a lo que mejor caracteriza una verdadera autonomía de la Sociedad Civil, que no es precisamente su capacidad de confrontación con respecto al Estado y su ideología, sino su eterna capacidad de generar su propia voz (autonomía) y de resetear las reglas del diálogo, en cualquier tipo de contexto socio-político (capacidad de incidencia en la sociedad).

Y a pesar de que no comparto del todo, algunas opiniones sobre otros temas, también en debate, dicho análisis fue el que mejor me mostró la estructura que tiene hoy la Sociedad Civil cubana:

1) La Sociedad Civil oficial, es decir, las redes asociativas vinculadas al gobierno cubano. Aquí encontramos a las llamadas organizaciones políticas y de masas y los sindicatos, muchas de ellos creadas por la institucionalidad revolucionaria en el 1959, (FMC, ANAP, CDR, etc.). Espacios que, en muchos casos, han visto desvirtuada su identidad institucional y han terminado siento coactados por el Partido Comunista como mecanismos verticales de transmisión. Ello no quiere decir, en lo absoluto, que hayan dejado de tener impacto en la cotidianidad de sectores importantes del país, aunque con una influencia erosionada. Encontramos, también, a los centros de investigación, universidades, la gran red de espacios vinculados al sistema de la cultura a nivel nacional, más un largo etc. Allí es posible encontrar a los mejores intelectuales y cientistas sociales cubanos, personas con un análisis agudo de las principales problemáticas nacionales y sus potenciales soluciones.

2) En un segundo bloque encontramos a la Sociedad Civil opositora, que nace al calor de la crisis de los 90, pero que a estas alturas ya ha logrado renovarse tanto en nuevos actores como en nuevos proyectos. Por su alta politización, caracterizada por la confrontación, hace que cualifiquen más como “una sociedad política opositora, que como una sociedad civil que articula intereses sociales específicos”. La polarización política imperante la ha transformado de inmediato de forma tal que su primera y principal definición es la de ser anti-gobierno. Las élites políticas en la ciudad de Miami lograron construir la percepción mediática, de que este pequeño sector de la sociedad, era “la sociedad civil cubana”.

3) En un tercer bloque encontramos a la Sociedad Civil no opositora. A esta fracción pertenecen, por ejemplo, las redes asociativas vinculadas al espectro religioso cubano, con sus diferentes grados de estructuración. Es a partir del 2006 y gracias al ensanchamiento del acceso ciudadano al ciberespacio, al surgimiento de redes alternativas de circulación de la información, a la reactivación del debate público y a la estructuración de “micro esferas públicas” para el debate, etc., se han podido desplegar agendas y quehaceres desvinculados de la perpetua dinámica de conflicto contra el Gobierno cubano. Encontramos acá movimientos sociales por la reivindicación de los derechos de los negros cubanos, de los derechos de los homosexuales, por la preservación del medio ambiente, una cantidad asombrosa de proyectos culturales y barriales, y publicaciones digitales e impresas que han acompañado creativamente el proceso de reformas que vive el país, haciendo propuestas en ámbitos económicos, culturales y políticos. Se trata de proyectos que, en algunos casos, orbitan en la periferia de instituciones oficiales y en otros, completamente fuera de ellas. Cabe agregar aquí al emergente sector privado, que con un dinamismo increíble y con pleno apoyo gubernamental, ha hecho su entrada en el contexto nacional.

SC1Por lo tanto, vemos como Sociedad Civil cubana, aquellos actores que se conforman apegados a la realidad nacional. En un escenario de distensión con Estados Unidos, el gobierno cubano tiene el imperativo moral y político de convertirse en garante de toda la pluralidad política e ideológica del país. Esto podría emanar una regeneración de la Sociedad Civil cercana al Gobierno cubano, y la necesaria institucionalización de la sociedad civil “consentida o tolerada”. SC2

A los sectores de la Sociedad Civil opositora que en el pasado han trabajado acoplados con los andamiajes internacionales de confrontación contra el gobierno cubano, obrando para el “cambio de régimen” les costará mucho trabajo poder insertarse en este nuevo momento que vive el país.

Hoy en Panamá estarán los tres grandes bloques de cubanos, tratando unos de desprestigiar al Gobierno de la tierra que los vio nacer y otros, la mayoría de defender lo que se ha vivido y lo que queda por vivir.