Cubanos en ambas orillas. Grandes retos.

WIN_20150412_092328 Hace unas semanas eche una mirada por varios rincones de la costa norte occidental, buscando descanso para mi mente y tratando de revivir mi niñez. Encontré parajes que dejan boquiabierto a cualquiera por su belleza. Es verdad que vivimos en un paraíso. Costas envidiables, incluso las más ásperas, playas de ensueños y un cielo casi siempre azul, que por suerte se deja ver desde las dos orillas. Desde Miami y La Habana. Una fotografía que tomé, donde aparecen dos orillas, el mar y el cielo al centro, es la que me lleva a reflexionar y a escribir este breve texto.

En los últimos meses más que nunca, se ha hablado de los cubanos de aquí y de allá. Y es que en pocos días se dará el gran paso del restablecimiento de las relaciones diplomáticas entre los dos países. Cuba y Estados Unidos emprenderán un camino largo entonces, hacia la normalización de sus vínculos, que sin duda alguna, estará plagado de obstáculos de un lado como del otro y el centro estaremos los cubanos.

En dos orillas hemos vivido la mayoría de los cubanos siempre. Incluso antes de 1959. Pero sin lugar a dudas, es después de que Fidel Castro Ruz llega a La Habana y que el Gobierno de Estados Unidos decide pelearse con los revolucionarios en el poder, que comienza el luengo “chapoleteo”.

Haciendo un poco de historia sobre las dos ciudades, les recuerdo que para 1959 ambas igualaban su población en un millón y medio de habitantes aproximadamente. Hoy existe una Habana de dos millones y tanto de habitantes y un Miami de más de cinco. Fue La Habana por más de cuatro siglos, la “Llave del nuevo mundo”. Ahora es Miami, la ciudad dominante de la región. Ambas ciudades han albergado por años a los que se fueron y a los que se quedaron. A los que retiraron la ayuda de su gente, pero también a los que jamás se han olvidado. A los padres, a los hijos, a los hermanos y abuelos, a los más comunistas y también a los más derechistas. A los cubanos del si y del no.

habanamiami

 

 

 

 

Para los primeros años de los 60 del siglo pasado, se cortó de raíz la subordinación de La Habana a los mercados y al turismo norteamericanos y la capital cubana reorientó su proa hacia la Europa socialista. Durante la década del 60, alrededor de medio millón de cubanos emigraron hacia Miami, una buena parte de la burguesía adinerada y de la clase media cubana. Esta escapada ordenada o no, ha llevado a los Estados Unidos casi dos millones de cubanos, el 70 por ciento vive en el sur de la Florida. De estos, más del 40 por ciento son habaneros.

En los 90 una grave crisis económica obligó al Gobierno cubano a tomar medidas de emergencia, como permitir la entrada de remesas de las familias emigradas y con ello un incremento de las visitas familiares en los dos sentidos. Ya en el 2012 Cuba eliminó todas las restricciones migratorias vigentes (a pesar de que aun se mantienen las norteamericanas) a lo que se le ha unido alguna que otra flexibilización por parte del Gobierno estadounidense en los primeros meses de 2015, lo cual ha significado un incremento importante del volumen de visitantes cubano-americanos a Cuba, superando el medio millón y que los norteamericanos fueran más de 120,000. Como era de esperar la mayoría de este flujo se centra en la ciudad de La Habana.

Lo cierto es que en los últimos cinco años hay un cambio dentro de Cuba, poco perceptible quizás, pero que anuncian un incremento de los lazos entre los cubanos a ambas orillas y con ello el de las ciudades de Miami y La Habana. Hay un incremento de los flujos personales entre las dos comunidades. Despegan de Miami y llegan a La Habana cada vez más vuelos diarios, que permiten una interacción mejor entre nosotros. Hacia Estados Unidos van en busca de mejoras económicas mano de obra joven y calificada, mientras que a La Habana llega el dinero de muchos que tratan de mejorar las condiciones de vida de sus familiares en la Isla a través de pequeñas inversiones en el transporte y hospedaje fundamentalmente. Las remesas rebasan ya las dos mil millones de dólares y no solo van dirigidas al consumo familiar sino que se convierten en financiamiento para los pequeños negocios privados que van creciendo, se colocan en el recién abierto mercado inmobiliario a través de familiares o testaferros o constituyen fondos para la construcción o reparación de las viviendas. A ello se le suman el flujo informativo de un lado para el otro. En Cuba los llamados paquetes, productos culturales enlatados, que llegan de mano en mano desde las televisoras del sur de la Florida , mientras que a Miami llega a través del humor, la plástica y la música cubanos, el ritmo y el vivir del cubano de a pie, la verdadera añoranza del que se fue y jamás regresó.

Para poder lograr un intercambio fructífero entre las dos orillas, debemos hacernos y responder la siguiente pregunta. ¿Cómo podremos reconstruir La Habana entre todos? Esto es lo primero, pues la situación de deterioro actual de La Habana no es la mejor para lograr un espacio para el intercambio con Miami. Se necesitará coraje, inteligencia, tolerancia y respeto a la cultura nacional. Habrá que buscar recursos en la inversión extranjera y utilizar al máximo las capacidades locales. Por lo menos 10 mil millones de dólares se necesitarían para rehabilitar la capital de todos los cubanos, sin desvirtuarla culturalmente y sin promover la exclusión social.

Miami es una de las zonas urbanas más pobladas de Estados Unidos. Una de las urbes con más presencia de bancos extranjeros y de corporaciones transnacionales. Su aeropuerto recibe gran cantidad de pasajeros, además de poseer los principales puertos de cruceros del país. A diferencia de La Habana, Miami posee además uno de los índices de peligrosidad mayores de Norteamérica.

Por otro lado, los modelos urbanos son muy diferentes. La Habana tiene un patrimonio muy valioso, altas densidades, pocos vehículos, un centro histórico extraordinario y una administración muy centralizada. Miami por su parte, presenta una trama urbana insignificante, bajas densidades, intenso tráfico urbano, un centro moderno y una administración eficaz y con mucho capital.

Los desequilibrios que deberá enfrentar la Habana en una mayor concordancia con Miami conllevaran retos de todo tipo; infraestructurales, legales, culturales, administrativos, urbanísticos y hasta políticos. Es importante identificarlos adecuadamente para poder preparar políticas y estrategias que permitan a la ciudad resolverlos con los menores costos posibles. El mayor error que pueden cometer las personas que diseñan políticas en ambas ciudades es permitir que, La Habana continúe tratando a Miami como la historia pasada a la que no conviene mirar o dejar que, en Miami la ceguera del pasado no deje ver con luz larga la necesidad de un acercamiento de los cubanos y de los dos trozos de tierra, que ayer fueron uno solo. Este sería un grave error que ambas ciudades y los cubanos pagaríamos muy caro.