Una enfermedad que padece La Habana.

almendron“¡Yo los borraría del mapa!”. Dicen algunas personas mayores de edad, al ver como se les enciman estos vehículos de los años 40 y 50 del siglo XX, que transitan por las principales calzadas de La Habana. Sus choferes, jóvenes en su mayoría, llevan una carrera contra el tiempo, sin importarles mucho a los que tienen al frente, detrás o sobre el propio vehículo. Sin más preámbulo, estamos hablando de los llamados almendrones y sus jinetes, un fenómeno que se incrementa y que a pesar de que alivia el transporte en la ciudad, nos quita más de lo que nos da a los capitalinos.
Antes de continuar, déjenme entonces definirles más o menos que es un “almendrón”– un vehículo norteamericano anterior a 1959, que por obra y gracia de la necesidad y la inventiva del cubano, todavía ruedan por las calles de La Habana y de toda Cuba. La mayoría utilizado para el servicio de taxi de rutas fijas, con unos precios imposibles para alguien que devengue un salario pagado por el estado. De diez a veinte pesos vale la ida o la vuelta en uno de estos vehículos, lejanos a la comodidad e inseguros por demasía.
Los que manejan estos taxis, que en la mayoría de los casos no son los verdaderos dueños del vehículo, forman parte de una nueva clase social que cuenta con su propio mercado negro de combustible y de piezas de repuesto. Propusieron dinero para burlar el llamado “somatón” (examen técnico) y hasta lograron cambiar la matrícula, siendo contaminadores rodantes y culpables en buena medida del incremento de la accidentabilidad en el país. Se agrupan en las llamadas piqueras o puntos de partida. Alrededor de estos lugares, como el conocido y emblemático Parque de la Fraternidad, muy cercano al punto cero o Capitolio de La Habana, han creado un ambiente muy lejano a la instrucción por la que hemos pasado la mayoría de los cubanos. Palabrotas vulgares, indigencia, enajenación, pestilencia, broncas tumultuarias, hermeticidad y hasta conspiración contra el Gobierno es el ambiente que se vive en estos lugares.

“No es posible, que porque apoyen a la transportación de pasajeros en la ciudad, las autoridades se hagan de la vista gorda y no actúen contra quienes se aprovechan de la incapacidad del Gobierno para resolver una vez y por todas, la situación del transporte en la capital”, dice Emiliano Rodríguez, vecino de Centro Habana y jubilado del transporte. Tiene razón nuestro encuestado, existen filtros legales para parar esta farsa, pero no se aprovechan; los exámenes técnicos a los vehículos que transportan pasajeros se compran de la misma forma que se hizo con la inscripción de vehículos y motores de diessel. Las autoridades relajaron su vigilancia durante el cambio de matrículas. Hoy ruedan cascos de hierro con cualquier forma y con ruedas, pero con chapas nuevas. Por lo tanto amigos lectores, tendremos almendrones por 50 años más.

Los almendrones y sus jinetes que batallan por llevarse su presa (los pasajeros) en nuestra ciudad, ponen aun más deprimente de lo que están las calzadas y calles por donde transitan. Su estado técnico, los ruidos que emiten, el humo que dejan en su trayecto, los gigantes neumáticos irregulares con que ruedan y los colores opacos que usan en su carrocería hacen que sean detestados, temidos  y mal vistos por muchas personas. Son enemigos número uno de los motoristas y vehículos pequeños y amigos de los bici-taxi, otra epidemia capitalina que nos llega a confundir con cualquier país indochino, aunque bien distante al nuestro.

Desde nuestros numerosos taxis, se ve lanzar indiscriminadamente latas y botellas de refrescos y cervezas, cigarros encendidos y escupidas sin temor alguno. Muchos de los clientes de estos carromatos son personas con un nivel adquisitivo por encima de la media de los trabajadores cubanos y utilizan esta indisciplina social para demostrar su consumismo y por supuesto su rebeldía a las buenas reglas de convivencia. Entiéndase que no estoy en contra de desigualdad, pero si de los malos hábitos, porque muchas veces hay falta de instrucción y ello dice mucho de quienes somos.

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La pregunta que se hacen algunos es: ¿Por qué el Estado en lugar de ofrecer a particulares los carros que exhiben en algunos rincones de La Habana a precios excesivos, no se los venden a estos taxistas a precios más razonables a cambio de la entrega de sus almendrones como chatarra? La respuesta no existe como tampoco hay quien justifique los precios exagerados de esos carros, pues el que menos cuesta sobrepasa el salario de un cubano normal trabajando toda su vida.

Estas moles de hierro, que circulan por nuestras calles ya en mal estado, contribuyen a acentuar aun más los baches, huecos y zanjas que crecen por día y permanecen por meses en la ciudad, haciendo casi imposible el tráfico de autos ligeros en algunas zonas de La Habana y formando parte de algunos de los motivos por los cuales han crecido los accidentes del tránsitohoy en Cuba.
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Por si fuera poco, estos ilustres señores y dueños de la calles capitalinas, tienen como moda poner detrás del cristal trasero mensajes al publico que van desde dichos graciosos y cubanos hasta ofensas que juegan con el doble sentido y que forman parte inseparable de la facha al vestir de algunos choferes, que lo mismo manejan en short, que en chancletas o camisetas, sin darle el menor valor a quienes transportan, que al final son los que lo ayudan a pagar la renta y engrosar su bolsillo. 10343006_732345563491175_6995252136997941830_nAlgunos de estos anuncios dicen: Si te molesta, tócame el pito, Soy la masacre musical, El rey de las mujeres casadas, Móntate que te quedas y algunas groserías más que nos reservamos. Para atajar este problema de tan mal gusto, tampoco hay mecanismos creados y si los hay, no se hacen cumplir ni por los inspectores del transporte ni de la Oficina Nacional Tributaria ni por los agentes de la Policía, que muchas veces se transportan gratis en estos mismos taxis. Este es un problema más que al parecer nos toca a los cubanos de forma subcidiada y no precisamente por la Libreta de Abastecimiento. Lo que denunciamos hoy no es una simple queja, es una verdad irrefutable.

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