Los malos olores de mi Habana.

basura1Dos razones principales hacen que me cueste mucho trabajo tratar este tema. La primera razón radica, en que no me gusta hablar mal de mi casa (La Habana) con ajenos y la segunda porque es algo conocido y tratado por varios blogs y medios, que de alguna manera han recalado en la capital cubana y no quisiera ser repetitivo. Pero en realidad este tema no me deja dormir, incluso lo escucho a diario en todas partes.

Todos los días cuando viajo en mi motor hacia o desde el trabajo, recorro algunos municipios de La Habana y tengo que reconocer que los malos olores cambian a medida que te desplazas por las estrechas, transitadas y en mal estado calles de la urbe.

Como el recorrido casi siempre es el mismo, me preparo para enfrentar algunos malos olores, que podrían tirarme del motor si los respiro por más de 10 segundos seguidos. No exagero para nada, uno de mis recorridos mañaneros me pone muy tenso. Recorro parte de la Calzada de 10 de Octubre, paso por Cuatro Caminos, Calzada de Monte, Calle Águila hasta San Lázaro y por suerte después el Malecón, donde respiro profundo para sacarme del paladar el mal olor matutino.

“Si la peste matara, estuviéramos muertos ya”, dicen algunas de mis acompañantes, que antes de cogerme la “botella” o aventón les advierto, que durante el viaje inhalarán un aire contaminado de fetidez, que irá cambiando de barrio en barrio, llegando a ser insoportable. También les advierto que las medidas de protección quedan a su elección. Taparse la nariz con una mano, ponerse un pañuelo en la nariz (si esta perfumado mucho mejor) o pegar la nariz contra mi camisa o pulóver, mientras dure el hedor, que transmiten los basureros improvisados, el escape de gas manufacturado, charcos de aguas albañales por doquier, derrumbes convertidos en vertederos y hasta baños espontáneos. A ello se suma el humo de los “almendrones”, carros de fabricación norteamericana de los años 50, que tienen invadida La Habana y que contaminan el ambiente ya enrarecido.basura2
basura3Los capitalinos y nuestras autoridades aun no hacemos conciencia de que somos el principal polo turístico del país y que tenemos la obligación de mostrar nuestra principal casa, lo más limpia posible. Mi abuela siempre me decía: “Mi´jo puedes salir a la calle hasta con ropa zurcida, pero limpia y planchada”. Así nos criamos mi generación. Somos capaces aun, de caminar kilómetros con la envoltura de un caramelo en el bolsillo, antes de lanzarla a la calle. Hoy ocurre todo lo contrario, desde buses y carros particulares se ve lanzar con frecuencia, latas de refrescos y cervezas, papeles de maní y galletas y desde los altos de algunos edificios excremento de mascotas y hasta humanos.

Algunos de los factores principales que hacen que nuestra ciudad esté en un estado deprimente y mal oliente, podemos señalar:

  • El deterioro, la falta de mantenimiento y espacios convertidos en cualquier cosa, que hacen que una buena parte de la población se contamine con este ambiente y contribuyan a un mayor detrimento de la situación. Esto se ve reflejado desde el vestir hasta el uso de palabras obscenas a la hora de dirigirse a las personas. Las palabras como: “pinga, cojones, maricón y puta” han sustituido parte del léxico de algunos de los cubanos que nos tropezamos en los antiguos y bellos portales de Centro Habana.
  • La proliferación de negocios privados, que venden comida y que botan sus desechos en los mismos contenedores que la población. Hay que incluir a ello, los desperdicios de los pequeños agros mercados y los llamados “carretilleros”, distribuidos de forma irracional por toda La Habana.
  • Los pocos recursos con que cuenta “Comunales” y los bajos salarios de sus trabajadores, para poder hacer frente a la invasión de basura en la ciudad, que forman parte inseparable de muchas de las enfermedades que padecemos hoy, los habaneros.

La Habana está muy distante aun de poder resolver estos problemas de higiene, que no son tan simples, pero que dice mucho de nosotros mismos. No podemos permitir que se nos compare en cuanto a higiene, con países mucho menos preparados que nosotros y con una atención primaria de salud lejana a la nuestra.

Debemos exigir y exigirnos ser más limpios, ese es un derecho y obligación de los que hoy nos llamamos con orgullo, cubanos.

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